«No frecuenté ninguna escuela, me enseñó mi madre que poseía una instrucción más que mediana. Cuando estábamos solas me hablaba siempre en francés y, con un sentido pedagógico innato, organizó mis estudios distribuidos en un horario fijo, cumplido con una constancia poco común cuando se enseña a familiares. (...) Con los estudios familiares, alterné luego otras ocupaciones; asistí a una academia de dibujo de un profesor anciano muy cariñoso. Era una clase pequeñita en la que no cabían mas que 5 chicos y yo».
(1)“Mi juventud, 1885 a 1900”, escrito autógrafo, redactado hacia 1950.
(2) Entrevista a María Goyri en 1949 para Radio Nacional, programa “En busca de las infancias perdidas”.
«Cuando a los doce años ingresé en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer (la casa en que pasé los ratos más felices de mi vida) me matriculé en la Escuela de Comercio que allí se acababa de fundar. La elección se debió a que yo mostraba facilidad para la aritmética; pero eso no era una vocación».
(1) “Mi juventud, 1885 a 1900”, escrito autógrafo, redactado hacia 1950.
(2) Entrevista a María Goyri en 1949 para Radio Nacional, programa “En busca de las infancias perdidas”.
Y una mañana he entrado en la vieja casona de la calle de San Bernardo. Mezcladas con los muchachos, centenares de jovencitas discurren por los pasillos. Son muchas. Vaya usted una mañana a la Universidad; así podrá usted comprobar que nuestra causa ha triunfado.(1)
«Muy peligrosas debíamos parecer entonces las mujeres. Y si ese criterio no era general, por lo menos imperaba en la Universidad de Madrid. Cuando fui a matricularme en la Facultad de Filosofía y Letras, me advirtieron amablemente que necesitaba una autorización especial para ello, ya que, en las disposiciones de uso corriente no se había previsto el caso extraño de una matrícula femenina. Para conseguir esta autorización fue necesario que todos los Catedráticos con quienes había de dar clase informasen a la Superioridad, mediante oficio, "que mi presencia entre los alumnos no provocaría disturbios ni alteraría el buen orden de la clase"».
Fragmento del artículo Una Informaciónsobre el Congreso Pedagógico Hipano-americano-portugués, publicado en la revista "La Escuela moderna", 1896
«Nos conocimos de estudiantes; trabajamos juntos. Ramón hacía su tesis doctoral sobre Don Juan Manuel; yo preparaba una edición crítica del Conde Lucanor, y hablábamos sobre nuestras lecturas comunes. Las fiestas, gastábamos las horas en los encinares de El Pardo; por sus cuarteles de Buenavista, Somonte, Valdelaganar, el Torneo, entonces no frecuentados por nadie, vagábamos a placer unos cuantos amigos».
«(...) ¡qué bueno sería que aquella alumna de Minerva encontrase (por casualidad) un marido de sus mismos gustos, un picado de las abejas, que al encenderse la lámpara alumbrando la velada de familia, abriese un libro y propusiese a su mujer una lectura, una conversación acerca de clérigos grandes y gay saber!... No tendrá esa suerte, calculaba yo:¡es tan raro! Y he aquí que la doctoresa ha descubierto el fénix, o mejor dicho, he aquí que Menéndez Pidal ha acertado con la doctora, y que hay en España una pareja unida, como los esposos Curie, por la comunidad de nobles aficiones, ayudándose amistosa y tiernamente, compartiendo la tarea de alumbrar las tinieblas de nuestra edad brava y hermosa, los tanteos de nuestra nacionalidad, allá, cuando los castillos y los leones eran aún enemigos».
Emilia Pardo Bazán, Crónicas en La Nación de Buenos Aires, 11 de Agosto de 1910
«Admiro el ver la Universidad tan limpia, allí nadie fuma ni escupe; no hay una raya, ni una mancha en los bancos ni en las paredes y no hay un ugier ni un mozo, todo se mantiene en orden por la cultura del público. Hay tantas mujeres como hombres y de todos los países». Carta de María Goyri a su madre, 17 Febrero de 1909
«Llevo una porción de datos y de libros para ver de hacer algún artículo sobre estos colegios porque no hay idea de lo que son estas colonias de mujeres».Carta de María Goyri a su madre, 24 marzo de 1909.
«Cada vez estoy más de acuerdo con lo que decía Jimena de la educación. Con unos cuantos sabios se puede arreglar el mundo, pero hace falta que todos tengan un concepto un poco elevado de la vida porque es lo que puede evitar que demos al prójimo contra una esquina. Dios me dé ante todo una persona de conciencia y venga lo demás como añaduría. Más me alegro de los años que pasaste en la Institución...». Carta de María Goyri a Gonzalo Menéndez-Pidal, 19xx.
La escuela primaria debe ser cuidada maravillosamente, porque la pedagogía no es una palabra baldía ni insensata como se empeñan en demostrar los que la desconocen. Enseñar exige maestro.
El maestro debe saberlo ser.MG

Hoja de ejercicios de María Goyri como maestra del IE, 1928.
«Para juzgar a los grandes poetas e internarse en su pensamiento se necesita aquel ardor de fantasía, aquella conmoción del espíritu misma que necesitó el autor original. A sangre fría, sin ese incendio de la mente, no apreciamos la mayor parte de las bellezas que nos dejaron los grandes poetas. Pues para penetrar en lo más íntimo de una obra artística y llegar a sus mismas entrañas es preciso volver a pensar y sentir vivamente lo que el autor pensó y sintió al comunicarse con su público coetáneo; es preciso que la fantasía del crítico se caldee en el mismo entusiasmo creador que conmovió al artista juzgado, en suma, que repita en sí la inspiración de este y logre la expresión acertada de la misma, dándole la nueva forma que el juicio necesita».
«Envío a V. esos refritos, servidos en un solo plato. Por urgencia del editor van reimpresos sin modificarlos. Únicamente en ligeras notas contesto a algunas de las observaciones que los sres. Morley y Bruerton hicieron al artículo «La Celia de Lope de Vega». No he querido meterme en detalles porqué sentí mucho que, según me escribió el bondadoso Amado Alonso, mi artículo desazonó de tal modo a los dos autores de la Chronology que contestaron tan enojados que hubo de devolverles la réplica para que atenuasen el estilo. Yo considero estos escarceos críticos como un juego al que hay que acudir con espíritu deportivo; jugar limpio y no perturbar la amistad de los cooperadores».Carta a Mercedes Gaibrois tras la aparición en 1953 de su libro, "De Lope de Vega y el Romancero".
Remito a V. el artículo ofrecido que, como le anuncié, resulta un poco largo. Si por este motivo o algún otro no le conviene publicarlo no tenga empacho en devolvérmelo enseguida. Creo que tiene cierta unidad, que pone de manifiesto el sentimiento erótico de Lope en un periodo importante de su vida. Las enmiendas a lopistas anteriores las hago con discreción, pero claro es que los apegados a sus conclusiones no las admitirán, y tendrán razón. Yo no disputo; expongo datos.